3 sept. 2011

PEQUEÑO ENSAYO SOBRE LA MÚSICA

Aquí estoy, sentado ante una página blanca, virtual ella, y presto a llenarla de símbolos que al final quieran expresar algo en forma de palabras, algo que espero entenderéis porque estoy seguro que lo compartís conmigo.

Este texto que he llamado, puede que pretenciosamente, “pequeño ensayo” irá avanzando en diferentes aspectos de qué es la música…sobre todo para mi, claro.


La Física de la Música:


Lo dicho, ¿qué es la música?

Uff, evidentemente es algo complejo de responder. Desde un punto de vista científico, la música no es más que una vibración, una serie de ondas que se transmiten por un medio físico que en nuestro caso es el aire. A esas ondas se las llama mecánicas al precisar de ese medio; por el contrario las ondas de radio, entre otras, pueden desplazarse en el vacío.

En función de la frecuencia de esas ondas el resultado es un sonido más o menos agudo. La frecuencia es el número de oscilaciones por unidad de tiempo (por ejemplo por segundo), a más ondulaciones por segundo más agudo es el sonido. Simple ¿verdad?

Como curiosidad os diré que el sonido se transmite por el aire a una velocidad de unos 331 metros por segundo, muy inferior a la del agua (1.400 m/s) o a la del acero (5.000 m/s).

El ser humano puede escuchar sonidos con frecuencias comprendidas entre los 16 y los 20.000Hz. Hay animales que pueden escuchar sonidos más graves y más agudos que nosotros no somos capaces de percibir (infrasonidos y ultrasonidos).

Un piano clásico está integrado por ocho octavas de notas, es decir ocho escalas musicales que van desde el Do hasta el Si. La más grave de esas notas vibra a 27Hz y la más aguda a 3.000Hz. En la cuarta octava (la cuarta escala del teclado), el La (llamado La4) se corresponde con la frecuencia 440Hz, que es la usada para la afinación de todos los instrumentos musicales.

Esto en cuanto a la “física” de la música.


Los Ladrillos de la Música:

Por otro lado, todos sabemos cuáles son las notas de la escala musical típica: Do-Re-Mi-Fa-Sol-La-Si (C-D-E-F-G-A-B en la notación americana), las famosas Siete Notas. Lo que no sabe todo el mundo es que entre algunas de ellas se sitúan 5 semi-tonos (medios-tonos). Por ejemplo, entre Do y Re hay un semitono que se puede llamar “Do sostenido” (Do#) o “Re bemol” (Reb) indistintamente.

La escala, por lo tanto, tiene doce semitonos:

Do-Do#-Re-Re#-Mi-Fa-Sol-Sol#-La-La#-Si (y de nuevo Do).

Es decir, hay un semitono entre todas las notas con excepción de entre Mi y Fa y entre Si y Do, que sólo están separadas por medio tono, no tienen semitonos entre ambas.

Los semitonos corresponden a las teclas negras de un piano, si os fijáis bien entre las teclas Mi y Fa y entre las teclas Si y Do no hay tecla negra.

Con esa estructura se configuran los acordes mayores y menores, pero eso ya es otra historia.

Hay un tipo de música llamada “dodecafónica” que otorga la misma importancia a los tonos y a los semitonos, de tal manera que se construye con 12 ladrillos de igual trascendencia y cuyo resultado es muy particular.

Esto en cuanto a la música como estructura de tonos y dicho de un modo muy simple porque el objetivo no es una lección magistral de teoría musical de la que, por otro lado, sé muy poco.

Visto de qué sustancia (ondas) están hechos nuestros ladrillos (los tonos y semitonos) a mí me resulta asombroso que con sólo 12 elementos hayamos sido capaces como especie de crear una variedad casi infinita de melodías, algunas tan bellas como los Conciertos de Brandemburgo de Bach, cualquier pieza de Mozart, la 9ª Sinfonía de Beethoven o Eleanor Rigby de los Beatles.

Con muy pocos elementos podemos componer una ópera o una canción de thrash metal, una maravilla como When Time Stood Still o una pieza tan compleja como la suite Octavarium de Dream Theater.

Composiciones que nos hacen bailar, llorar, saltar, apretar los dientes o gritar están todas hechas con doce elementos colocados en diferentes lugares, con diferentes duraciones y con ritmos distintos, pero sólo con doce, mientras que la mayoría de los alfabetos precisan de más de 20. Impresionante.


La Música y las Emociones:


Pero lo más importante de la música, al menos para mí, son las emociones. Nunca he podido mantener una postura analítica cuando me enfrento a un disco nuevo. Sí que trato de descubrir cuál es su estructura, el empleo o no de formaciones rítmicas complejas o escalas musicales diferentes a las más tradicionales del pop y el rock, pero lo que me hace decir de un disco que es una obra maestra es mi reacción emocional hacia el mismo.

De Michael Jackson afirmo que fue un genio, como muchos otros. Pero su música nunca me emocionó como la música de Jeff Lynne. Los Rolling son unos genios, allí están, pero nunca obtuvieron de mí una reacción emocional como por ejemplo consiguen Clive Nolan o Arjen Lucassen con su música.

Los Beatles son el paradigma de la música moderna, pero nunca he sido fan de ellos porque tan sólo me emocionan algunas de sus canciones, ni de lejos siento ante cualquiera de sus discos lo que siento ante Eldorado o el “floydiano” Wish You Were Here.

Es decir, la música es para mí pura sensación, es algo espiritual. Por mucho que me empeñe en analizar un disco al final lo que hago es mirar en mi alma y descubrir si ese disco me ha movilizado por dentro o no. Esa es “la prueba del algodón” y no otra.

Y por eso ELO es tan importante en mi vida, porque después de tantísimos años pincho On The Third Day y los pelos se me ponen como escarpias, porque el solo de violín de Kuiama sigue consiguiendo que las lágrimas vengan a mis ojos una y otra vez, porque Sweet Is The Night me hace sentir bien, muy bien, porque Eldorado me transporta en el espacio y el tiempo, porque Big Wheels encierra un mensaje oculto que aún no he podido descubrir…por todo eso y por mucho más ELO es parte de mí y yo soy parte de ELO.

La música como vehículo emocional, ese sí que es un tema complejo, tanto como interacciones hay entre personas y canciones. A cada canción y cada persona corresponde una reacción única. Y deberíamos añadir que a cada momento, ya que la reacción ante una canción cambia en función del cómo, dónde o cuándo la estemos escuchando.

Los amantes de la Ciencia Ficción recordaréis con claridad cómo “El Mulo”, un personaje de la trilogía original de La Fundación de Isaac Asimov, utilizaba el “visi-sonor” como instrumento de manipulación y amplificación de emociones mediante imágenes y sonidos… ¡ojala tuviese uno de esos trastos!

¿A que hay guitarras que gimen? (George Harrison)

¿A que hay violines que lloran? (el solo de Kuiama)

¿A que hay riffs que invitan a correr? (el Highway Star de Deep Purple)

Música y emociones, siempre unidas.


La Música Como Energía:

Algunos de vosotros sabéis que tengo un interés especial en la comprensión de la “energía”, el famoso Chi o Ki o como se le haya querido llamar en diferentes culturas. Como practicante de Reiki, una técnica oriental basada en ella, he tenido un acercamiento a este tema y tengo una limitadísima comprensión de cómo actúa la energía en nosotros, y la conclusión a la que llego día a día es que la música no es sino otra manifestación de esa energía vital de la que están compuestas todas las cosas con mayor o menor nivel de vibración.

Realmente creo que ese energía vital, se llame como se llame, es lo que nos hace existir a todo y a todos y constituye los ladrillos que lo integran todo (los científicos los llaman quarks), y que la música es ni más ni menos que una manifestación más de esa energía fundamental.

Las matemáticas, dicen, son el lenguaje en el que está escrito el Universo entero, pero la música no deja de ser una manifestación matemática en muchas ocasiones. Es otro aspecto de la misma cosa.

Así que, ya para concluir (que se me va la olla), la música es algo que para mí representa lo más esencial de lo que soy. Cuando alguien dice que sin música no puede vivir le creo totalmente, ¡a mí me pasa lo mismo!

4 comentarios:

  1. Absolutamente genial, Álvaro, ¡qué bien escribes! Estoy de acuerdo contigo en todo, lo has descrito tan bien que puedo decirte con toda seguridad que has hecho que me reconozca en cada una de tus palabras, has hecho que descubra mi "yo" particular en el que la música es el oxígeno con el que sobrevive. Efectivamente la música es pura emoción. Para mí escuchar ciertos temas me transportan a un mundo paralelo en donde conviven pasado, presente y futuro. Hay músicas que me llevan a un estado de ánimo diferente, y en muchas ocasiones un estado de ánimo determinado me pide que le "alimente" con un tipo de música para recrearse en ella y poder mantenerse en mi interior. No sé si me estoy poniendo demasiado metafísico, pero es un tema fascinante, complejo y muy subjetivo que a todos nos mantiene unidos a través de unos filamentos misteriosos.
    Enhorabuena por tu pedazo de ensayo.
    Un abrazo,

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  2. Gracias Carlos!! Cierto, la música es algo especial y ponerse metafísico hablando de ello es lo más natural del mundo para gente como nosotros que respiramos en un arco iris de 7 notas!!

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  3. Wuuaaaauuuu... Vaya tela, colega. Realmente impresionante esta disquisición. Es cierto que algunas veces me he preguntado Qué tendrá tal o cual canción que me hace vibrar, saltar, reir o llorar; según el caso. Felicidades por este mini-ensayo: estoy totalmente de acuerdo con todo lo que descrito.

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  4. Excelente artículo, Alvaro, concuerdo en todo lo que has escrito, me pareció muy interesante desde la primera a la última letra, especialmente tus razonamientos acerca de cómo interactúa la música con todos y cada uno de nosotros, y la afirmación de que la música es una más de las vibraciones cuánticas me parece absolutamente genial...
    Espero que escribas pronto otro artículo, está interesante de veras!!!

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